GUARNE - ANTIOQUIA

Nota de inicio

En Colombia, país atravesado por todas las inequidades y por todas las violencias, tenemos un imperativo ético: la construcción de una nueva sociedad, de una nueva ciudadanía. No se trata de emprender el rescate de unos valores. Se trata, precisamente, de todo lo contrario: de emprender, colectivamente, desde todos los escenarios territoriales, la construcción de unos nuevos valores que nos permitan enfrentarnos con nuestra propia historia, pasada y reciente, y salir airosos.

Cuando se habla de desarrollo sostenible siempre se piensa en 3 dimensiones: social, ambiental y económica. Naciones Unidas, en la revisión de los Objetivos del Milenio (2015) incorpora a la cultura como cuarto pilar del desarrollo: “El desarrollo humano solo puede efectivo si asume una consideración explícita de la cultura y sus factores como la memoria, la creatividad, la diversidad y el conocimiento” (Cultura 21: Acciones, 2015: 5).

Colombia tiene una enorme riqueza, que no conoce ni reconoce y que ha dilapidado. Esa enorme riqueza social, ambiental y económica es, también, una enorme riqueza cultural. En esa riqueza cultural está una de las grandes oportunidades para la construcción de eso que podemos ser. La cultura, como una posibilidad para entendernos y para construirnos.

En estas notas hago un relato de la manera como la cultura se convirtió en protagonista de los cambios urbanos y sociales de Medellín, para proponer que, en clave de país, hagamos algo similar. La fórmula es sencilla: entender que la cultura es mucho más que las artes, asumir a la cultura como clave en la construcción de equidad, inclusión y convivencia, invertir en la cultura con la certeza de que es una inversión estructural, y potenciar, potenciar, potenciar… lo que ya se hace.

Lo que ha pasado en Medellín con, desde y para la cultura.

Medellín se está pensando y construyendo con, desde y para la cultura. Hoy el nombre de Medellín está asociado, en Colombia y en otros países, a su transformación social, urbana, educativa y cultural. La arquitectura física, fácil de ver, generalmente oculta la verdadera arquitectura que hace posibles estas transformaciones: la arquitectura social. Los cambios en Medellín en los últimos años son, fundamentalmente, cambios culturales en la manera de vernos, en la manera de entendernos, en la manera de asumirnos, en la manera de construirnos.

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